Seguridad y sustento para La Meca
رَبِّ اجْعَلْ هَٰذَا بَلَدًا آمِنًا، وَارْزُقْ أَهْلَهُ مِنَ الثَّمَرَاتِ مَنْ آمَنَ مِنْهُمْ بِاللَّهِ، وَالْيَوْمِ الْآخِرِ.
رَبِّ اجْعَلْ هَٰذَا بَلَدًا آمِنًا وَارْزُقْ أَهْلَهُ مِنَ الثَّمَرَاتِ مَنْ آمَنَ مِنْهُمْ بِاللَّهِ وَالْيَوْمِ الْآخِرِ
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126. Y [recuerden] cuando Abraham dijo: “¡Señor mío! Haz de esta ciudad [La Meca] un lugar seguro, y beneficia con frutos a los pobladores que creen en Dios y en el Día del Juicio Final”. Dijo [Dios]: “[Pero] al que rechace la verdad lo dejaré disfrutar por un tiempo, y después lo conduciré al castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!”
La súplica está formulada con verbos en imperativo (fi‘l al-amr): «ij‘al» (haz) y «urzuq» (provee). Abraham pide el bienestar espiritual y material de La Meca. La petición de seguridad precede a la petición de sustento material.
Tafsir del jeque Abdurrahman As-Saadi
Es decir, cuando Abraham pidió por esta Casa que Dios la hiciera una ciudad segura y proveyera a sus habitantes de toda clase de frutos. Luego, para mostrar cortesía ante Dios, el Profeta —la paz sea con él— limitó esta súplica a los creyentes, pues en su primera súplica había pedido sin restricción, y la respuesta que recibió quedó limitada al que no es injusto.
Cuando pidió sustento para ellos, lo restringió a los creyentes, aunque el sustento de Dios abarca al creyente y al incrédulo, al desobediente y al obediente, Dios, Exaltado sea, dijo: «Y a quien niegue la verdad…», es decir: «Proveeré a todos, musulmanes e incrédulos. El musulmán se sirve del sustento para adorar a Dios y luego pasa de él a las delicias del Paraíso. En cuanto al incrédulo, disfrutará de él por un breve tiempo. Luego lo forzaré», es decir, lo obligaré y lo conduciré contra su voluntad, «al castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!»
Tafsir del imán Ibn Kazir
Las palabras de Dios, Exaltado sea: «Y cuando Abraham dijo: “¡Señor mío! Haz de esta ciudad un lugar seguro y provee de frutos a sus habitantes, a quienes de entre ellos crean en Dios y en el Día del Juicio Final”».
El imán Abu Ya‘far ibn Yarir dijo: «Nos narró Ibn Bashshar, quien dijo: nos narró ‘Abd ar-Rahman ibn Mahdi; nos narró Sufyan, de Abu az-Zubayr, de Jabir ibn ‘Abd Allah, quien dijo: El Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: “Abraham declaró inviolable la Casa de Dios y pidió seguridad para ella; y yo declaro inviolable Medina, entre sus dos extensiones de lava: no se cazará allí ningún animal ni se cortarán sus arbustos espinosos”». También lo transmitió an-Nasa’i, de Muhammad ibn Bashshar, de Bandar, con esa misma cadena.
Muslim lo registró de Abu Bakr ibn Abi Shayba y ‘Amr an-Naqid, ambos de Abu Ahmad az-Zubayri, de Sufyan ath-Thawri.
Ibn Yarir también dijo: «Nos narraron Abu Kurayb y Abu as-Sa’ib, quienes dijeron: nos narró Ibn Idris; y Abu Kurayb nos narró: nos narró ‘Abd ar-Rahim ar-Razi. Ambos dijeron: escuchamos a Ash‘ath, de Nafi‘, de Abu Hurayra, quien dijo: El Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: “Abraham era siervo de Dios y Su amigo íntimo; yo soy siervo de Dios y Su Mensajero. Abraham declaró inviolable La Meca, y yo declaro inviolable Medina, entre sus dos extensiones de lava: sus arbustos espinosos y su caza.
No se llevarán armas allí para combatir ni se cortará ningún árbol, salvo para alimentar a un camello”». Esta cadena es poco conocida y no aparece en ninguno de los seis libros [canónicos de hadices]. El fundamento de este hadiz sí se encuentra en Sahih Muslim, por otra vía, de Abu Hurayra —que Dios esté complacido con él—, quien dijo: «Cuando la gente veía los primeros frutos de la temporada, se los llevaba al Mensajero de Dios. Cuando el Mensajero de Dios los recibía, decía: “¡Oh, Dios!
Bendícenos nuestros frutos, bendícenos nuestra ciudad, bendícenos nuestro sa‘ y nuestro mudd. ¡Oh, Dios! Abraham es Tu siervo, Tu amigo íntimo y Tu profeta; y yo soy Tu siervo y Tu profeta. Él Te pidió por La Meca, y yo Te pido por Medina lo mismo que él Te pidió por La Meca, y además otro tanto”».
Luego llamaba al niño más pequeño y le daba aquellos frutos. En otra versión dice: «Una bendición junto con otra bendición», y después se los daba al más pequeño de los niños presentes. Esta es la versión de Muslim.
Luego Ibn Yarir dijo: «Nos narró Abu Kurayb: nos narró Qutayba ibn Sa‘id; nos narró Bakr ibn Mudar, de Ibn al-Had, de Abu Bakr ibn Muhammad, de ‘Abd Allah ibn ‘Amr ibn ‘Uthman, de Rafi‘ ibn Khadij, quien dijo: El Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: “Abraham declaró inviolable La Meca, y yo declaro inviolable lo que hay entre las dos extensiones de lava”». Solo Muslim lo registró, de Qutayba, de Bakr ibn Mudar, con esta misma cadena; su texto coincide exactamente.
En los dos Sahih, de Anas ibn Malik, se transmite que el Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo a Abu Talha: «Busca entre vuestros muchachos a uno que me sirva». Abu Talha salió conmigo, montándome detrás de él, y yo servía al Mensajero de Dios cada vez que se detenía. En el hadiz se cuenta: «Luego se dirigió [a Medina] y, cuando Uhud apareció ante él, dijo: “Esta es una montaña que nos ama y a la que amamos”». Cuando divisó Medina, dijo: «¡Oh, Dios!
Declaro inviolable lo que hay entre sus dos montañas, tal como Abraham declaró inviolable La Meca. ¡Oh, Dios! Bendíceles su mudd y su sa‘». En otra versión de ambos [Sahih] dice: «¡Oh, Dios! Bendíceles sus medidas, bendíceles su sa‘ y bendíceles su mudd».
Al-Bujari añadió: «Es decir, a la gente de Medina». En ambos Sahih también se transmite de Anas que el Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: «¡Oh, Dios! Concede a Medina el doble de bendición de la que concediste a La Meca».
De ‘Abd Allah ibn Zayd ibn ‘Asim —que Dios esté complacido con él— se transmite que el Profeta —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: «Abraham declaró inviolable La Meca y pidió bendiciones para ella; y yo declaro inviolable Medina, como Abraham declaró inviolable La Meca, y he pedido bendiciones para su mudd y su sa‘, como Abraham pidió por La Meca». Lo transmitió al-Bujari; este es su texto. Muslim lo transmitió con esta versión: «El Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: “Abraham declaró inviolable La Meca y pidió por sus habitantes.
Yo declaro inviolable Medina, como Abraham declaró inviolable La Meca, y he pedido para su sa‘ y su mudd lo mismo que Abraham pidió para los habitantes de La Meca”».
De Abu Sa‘id —que Dios esté complacido con él— se transmite que el Profeta —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: «¡Oh, Dios! Abraham declaró inviolable La Meca y la convirtió en un santuario; yo declaro inviolable Medina, entre sus dos pasos de montaña: no se derramará allí sangre, no se llevarán armas para combatir ni se sacudirá un árbol, salvo para obtener forraje. ¡Oh, Dios! Bendícenos nuestra ciudad, bendícenos nuestro sa‘, bendícenos nuestro mudd y concédenos una doble bendición junto con la bendición que ya tenemos». El hadiz fue transmitido por Muslim.
Hay muchos hadices sobre la inviolabilidad de Medina. Solo hemos citado aquellos que guardan relación con la declaración de inviolabilidad de La Meca por parte de Abraham —la paz sea con él—, pues concuerdan con el noble versículo.
También se han transmitido otros hadices que indican que Dios, Exaltado sea, declaró inviolable La Meca antes de crear los cielos y la Tierra. En los dos Sahih, de ‘Abd Allah ibn ‘Abbas —que Dios esté complacido con ambos—, se transmite que el Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo el día de la conquista de La Meca: «Ciertamente, Dios declaró inviolable esta ciudad el día en que creó los cielos y la Tierra. Por la inviolabilidad que Dios le confirió, seguirá siendo inviolable hasta el Día de la Resurrección.
A nadie antes de mí se le permitió combatir allí; a mí solo se me permitió durante una hora de un día. Por la inviolabilidad que Dios le confirió, seguirá siendo inviolable hasta el Día de la Resurrección. No se arrancarán sus espinas, no se espantará su caza, no se recogerán sus objetos perdidos, salvo por quien anuncie que los ha encontrado, y no se cortará su hierba». Al-‘Abbas dijo: «¡Mensajero de Dios!
Excepto el idhkhir [una planta aromática], pues la necesitan los herreros y para sus casas». Él dijo: «Excepto el idhkhir». Este es el texto de Muslim. En ambos Sahih se transmite de Abu Hurayra algo semejante.
Después, al-Bujari dijo: «Aban ibn Salih transmitió de al-Hasan ibn Muslim, de Safiyya bint Shayba, que dijo: “Escuché al Profeta”, y mencionó un relato semejante». Este relato que al-Bujari citó sin una cadena completa fue transmitido por el imán Abu ‘Abd Allah ibn Maja, de Muhammad ibn ‘Abd Allah ibn Numayr, de Yunus ibn Bukayr, de Muhammad ibn Ishaq, de Aban ibn Salih, de al-Hasan ibn Muslim ibn Yannaq, de Safiyya bint Shayba, quien dijo: «Escuché al Profeta pronunciar un sermón el año de la conquista. Dijo: “¡Gente!
Dios declaró inviolable La Meca el día en que creó los cielos y la Tierra, y seguirá siendo inviolable hasta el Día de la Resurrección. No se cortarán sus árboles, no se espantará su caza ni se recogerán sus objetos perdidos, salvo por quien los anuncie”». Al-‘Abbas dijo: «Excepto el idhkhir, pues se necesita para las casas y las tumbas». El Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: «Excepto el idhkhir».
De Abu Shurayh al-‘Adawi se transmite que dijo a ‘Amr ibn Sa‘id, cuando este enviaba tropas a La Meca: «Permíteme, emir, transmitirte unas palabras que pronunció el Mensajero de Dios la mañana siguiente al día de la conquista. Mis oídos las escucharon, mi corazón las retuvo y mis ojos lo vieron pronunciarlas. Alabó a Dios y Le dio gracias, y luego dijo: “Dios hizo de La Meca un santuario; no fueron las personas quienes lo hicieron. Por tanto, no le está permitido a quien cree en Dios y en el Día del Juicio Final derramar allí sangre ni cortar un árbol.
Si alguien se ampara en que al Mensajero de Dios se le permitió combatir, decidle: ‘Dios se lo permitió a Su Mensajero, pero no os lo permitió a vosotros’. A mí solo se me permitió durante una hora de un día; hoy su inviolabilidad ha vuelto a ser como lo era ayer. Que el presente se lo comunique al ausente”». Le preguntaron a Abu Shurayh: «¿Qué te respondió ‘Amr?».
Dijo: «Yo sé más que tú, Abu Shurayh: el santuario no protege al desobediente, ni al que huye tras derramar sangre, ni al que huye por un delito». Lo transmitieron al-Bujari y Muslim; este es el texto de Muslim.
Una vez sabido esto, no existe contradicción entre los hadices que indican que Dios declaró inviolable La Meca el día en que creó los cielos y la Tierra y los que indican que Abraham —la paz sea con él— la declaró inviolable. Abraham comunicó, por mandato de Dios, la norma relativa a ella y su inviolabilidad; La Meca ya era una ciudad sagrada para Dios antes de que Abraham —la paz sea con él— construyera allí la Casa. Del mismo modo, el Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le dé paz— ya estaba escrito ante Dios como el Sello de los Profetas cuando Adán todavía yacía en su arcilla.
Aun así, Abraham —la paz sea con él— dijo: «¡Señor nuestro! Envíales un mensajero de entre ellos» (2:129). Dios respondió a su súplica conforme a Su conocimiento y decreto previos. Por eso, según un hadiz, le dijeron al Mensajero de Dios: «¡Mensajero de Dios!
Háblanos del comienzo de tu misión». Él respondió: «La súplica de mi padre Abraham, la buena nueva de Jesús, hijo de María, y mi madre vio como si de ella saliera una luz que iluminaba los palacios de Siria». Es decir, le preguntaron por el comienzo de la manifestación de su misión, como se expondrá próximamente, si Dios quiere.
En cuanto a la cuestión de si La Meca es superior a Medina, opinión de la mayoría, o Medina superior a La Meca, doctrina de Malik y sus seguidores, se tratará en otro lugar junto con sus pruebas, si Dios quiere. En Él confiamos.
Las palabras de Dios, Exaltado sea, al relatar lo que dijo Su amigo íntimo: «¡Señor mío! Haz de esta ciudad un lugar seguro», significan: protégela del miedo, para que sus habitantes no se vean aterrorizados. Dios lo hizo realidad tanto en la ley como en los hechos, como en Sus palabras: «Quien entre en ella estará seguro» (3:97), y: «¿Acaso no ven que hemos hecho de ella un santuario seguro, mientras que la gente a su alrededor es arrebatada?» (29:67), además de otros versículos.
Ya se han citado los hadices que prohíben combatir allí. En Sahih Muslim, de Jabir, se transmite: «Escuché al Mensajero de Dios decir: “A nadie le está permitido llevar armas en La Meca”».
En esta sura dice: «¡Señor mío! Haz de esta ciudad un lugar seguro», es decir, haz de este lugar una ciudad segura. Esto es apropiado porque la súplica tuvo lugar antes de la construcción de la Kaaba. En la sura Ibrahim, Dios dice: «Y cuando Abraham dijo: “¡Señor mío!
Haz de esta ciudad un lugar seguro”» (14:35). Esto es apropiado allí porque, según parece —y Dios sabe más—, se trató de una segunda súplica, después de la construcción de la Casa y de que sus habitantes se establecieran allí, y después del nacimiento de Isaac, que era trece años menor que Ismael. Por eso, al final de la súplica dice: «Alabado sea Dios, Quien me concedió, a pesar de la vejez, a Ismael e Isaac. Mi Señor escucha las súplicas» (14:39).
Las palabras de Dios, Exaltado sea: «Y provee de frutos a sus habitantes, a quienes de entre ellos crean en Dios y en el Día del Juicio Final. Dijo: “Y a quien niegue la verdad, lo dejaré disfrutar por un tiempo; luego lo forzaré a entrar en el castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!”». Abu Ya‘far ar-Razi transmitió, de ar-Rabi‘ ibn Anas, de Abu al-‘Aliya, de Ubayy ibn Ka‘b, que respecto a las palabras «Dijo: “Y a quien niegue la verdad, lo dejaré disfrutar por un tiempo; luego lo forzaré a entrar en el castigo del Fuego.
¡Qué pésimo destino!”», dijo: «Estas son palabras de Dios, Exaltado sea». Esta es también la opinión de Muyahid e ‘Ikrima, y es la que Ibn Yarir consideró correcta —que Dios tenga misericordia de él—. Dijo que otros recitaban: «Dijo: “Y a quien niegue la verdad, lo dejaré disfrutar por un tiempo; luego lo forzaré a entrar en el castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!”», considerando estas palabras como parte de la súplica de Abraham.
Abu Ya‘far lo transmitió de ar-Rabi‘, de Abu al-‘Aliya, quien dijo: «Ibn ‘Abbas decía que estas eran palabras de Abraham: pidió a su Señor que dejara disfrutar por un tiempo a quien negara la verdad».
Abu Ya‘far transmitió, de Layth ibn Abi Sulaym, de Muyahid, respecto a «Y a quien niegue la verdad, lo dejaré disfrutar por un tiempo», que significa: «También proveeré a quien niegue la verdad». «Luego lo forzaré a entrar en el castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!»
Muhammad ibn Ishaq dijo: «Cuando Abraham excluyó de la súplica a aquel a quien Dios no había dispuesto conceder la autoridad [de la fe], volviéndose por completo hacia Dios y buscando Su amor, y apartándose de quien desobedeciera Su mandato, aunque fuera de su descendencia —pues supo, por lo que Dios le había comunicado, que habría entre ellos un injusto y que este no recibiría Su pacto—, Dios dijo: “A quien niegue la verdad, lo proveeré, pues doy sustento al justo y al impío, y lo dejaré disfrutar por un tiempo”».
Hatim ibn Isma‘il transmitió, de Humayd al-Kharrat, de ‘Ammar ad-Duhni, de Sa‘id ibn Jubayr, de Ibn ‘Abbas, que acerca de las palabras de Dios: «¡Señor mío! Haz de esta ciudad un lugar seguro y provee de frutos a sus habitantes, a quienes de entre ellos crean en Dios y en el Día del Juicio Final», Ibn ‘Abbas dijo: «Abraham había pedido que se reservara [el sustento] para los creyentes, excluyendo a los demás. Entonces Dios reveló: “También proveeré a quien niegue la verdad. ¿Acaso voy a crear criaturas y no darles sustento?
Los dejaré disfrutar por un tiempo; luego los forzaré a entrar en el castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!”». Después Ibn ‘Abbas recitó: «A unos y a otros les concedemos de los dones de tu Señor, y los dones de tu Señor no están vedados» (17:20). Lo transmitió Ibn Mardawayh. También se narró algo semejante de ‘Ikrima y Muyahid.
Esto es como las palabras de Dios, Exaltado sea: «Quienes inventan mentiras contra Dios no prosperarán. Disfrutarán brevemente en este mundo, pero luego regresarán a Nosotros y les haremos probar un severo castigo por haber negado la verdad» (10:69-70); y: «Que no te aflija la incredulidad de quienes niegan la verdad. A Nosotros regresarán y les informaremos de lo que hicieron. Dios conoce bien lo que encierran los corazones.
Los dejaremos disfrutar por un tiempo; luego los forzaremos a entrar en un castigo terrible» (31:23-24); y: «Si no fuera porque la gente habría formado una sola comunidad [de incrédulos], habríamos concedido a quienes niegan al Misericordioso techos de plata para sus casas, escaleras por las que subir, puertas para sus casas, lechos en los que reclinarse y adornos. Pero todo eso no es sino disfrute de la vida mundanal; la otra vida, junto a tu Señor, es para los piadosos» (43:33-35).
«Luego lo forzaré a entrar en el castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!» significa: después de dejarlo disfrutar en este mundo y de concederle ampliamente sus bienes, lo conduciré al castigo del Fuego. Dios los deja en espera y les da un plazo, pero luego los toma con el poder de Quien es Todopoderoso, como dice: «¡Cuántas ciudades injustas dejé en espera!
Luego las castigué, y a Mí será el retorno» (22:48). En los dos Sahih se transmite: «Nadie es más paciente ante el daño que oye que Dios: Le atribuyen un hijo, mientras Él los sustenta y les concede bienestar». También se transmite en Sahih: «Dios le da un plazo al injusto, pero, cuando lo toma, no lo deja escapar». Luego recitó: «Así es el castigo de tu Señor cuando castiga a las ciudades injustas; Su castigo es doloroso y severo» (11:102).
Algunos recitaron: «Dijo: “Y a quien niegue la verdad, lo dejaré disfrutar por un tiempo…”», considerando estas palabras parte de la súplica de Abraham. Es una recitación anómala, contraria a las siete lecturas canónicas. La estructura del contexto rechaza ese sentido, y Dios sabe más. En la lectura de la mayoría, el pronombre de «dijo» remite a Dios, como exige el contexto.
Según esa lectura anómala, el pronombre remitiría a Abraham, lo que contradice la estructura del discurso. Dios, Glorificado y Exaltado sea, es quien mejor sabe. Quienes sostienen que La Meca solo fue declarada inviolable por medio de Abraham se apoyan en esta lectura. Se ha dicho que es inviolable desde que fue creada junto con la Tierra, y esta opinión es más clara y sólida.
[Véanse también: 3:97; 29:67; 14:35; 14:39; 17:20; 10:69-70; 31:23-24; 43:33-35; 22:48; 11:102.]
Tafsir de Al-Bagawi
Dios, Exaltado sea, dice: «Y cuando Abraham dijo: “¡Señor mío! Haz de esta ciudad…”», es decir, La Meca; también se ha dicho que se refiere al recinto sagrado. «…un lugar seguro», es decir, dotado de seguridad, donde sus habitantes vivan a salvo.
«Y provee de frutos a sus habitantes». Abraham pidió esto porque [La Meca] estaba en un valle sin cultivos. En los relatos se cuenta que Ta’if se encontraba entre las ciudades de Siria, en la región de Jordania. Cuando Abraham —la paz sea con él— pronunció esta súplica, Dios ordenó a Gabriel —la paz sea con él— arrancarla de raíz y hacerla girar siete veces alrededor de la Casa; luego la colocó en el lugar donde se encuentra actualmente. De allí procede la mayor parte de los frutos de La Meca.
«A quienes de entre ellos crean en Dios y en el Día del Juicio Final»: una súplica exclusiva para los creyentes.
«Dijo»: Dios, Exaltado sea. «Y a quien niegue la verdad, lo dejaré disfrutar por un tiempo». Ibn ‘Amir recitó «fa-umti‘hu» con la hamza con damma y sin geminación; los demás la recitaron con geminación. Ambas formas tienen el mismo significado.
«Por un tiempo» significa: también proveeré al incrédulo hasta que llegue el fin de su plazo. Esto es porque Dios, Exaltado sea, ha prometido sustento a todas las criaturas, creyentes e incrédulas. Solo lo calificó de «breve» porque el disfrute de este mundo es poco.
«Luego lo forzaré»: es decir, lo obligaré en la otra vida «a entrar en el castigo del Fuego. ¡Qué pésimo destino!», es decir, qué mal lugar al que llegará.
Muyahid dijo: «Encontré junto a la Estación [de Abraham] un escrito que decía: “Dios es el Señor de Bakkah. La creó el día en que creó el sol y la luna, la declaró inviolable el día en que creó los cielos y la Tierra, y la rodeó con siete ángeles rectos. Su sustento le llega por tres caminos; su carne y su agua están bendecidas”».
En Sahih al-Bujari (n.º 2129), se transmite de Anas ibn Malik que el Profeta Muhammad —que Dios lo bendiga y le dé paz— dijo: «¡Oh, Dios! Abraham declaró inviolable La Meca y pidió por sus habitantes, y yo declaro inviolable Medina…»